Por Ana Isabel Morte Verón

Auxiliar de Audiología y alumna de Postgrado de SAERA

Los acúfenos son un fenómeno perceptivo que consiste en notar golpes o sonidos en un oído o en ambos, que no procede de ninguna fuente externa, es decir, son ruidos o sonidos que sólo la persona que padece acúfenos los puede oír.

Los acúdenos pueden ser provocados por diferentes causas:

·         Por pérdida auditiva.

·         Síndrome de Ménière

·         Traumatismos varios.

·         Por estrés…

Esos sonidos internos pueden ser: siseos, zumbidos, campanillas…constantes o intermitentes, e incluso de diferentes intensidades:

·         Pueden ser casi imperceptibles; los oímos pero no nos dificulta para hacer nuestra actividad diaria.

·    Pueden ser tan intensos que nos resulte muy complicado concentrarnos en una tarea en concreto, poder seguir una conversación…

¿Cómo se originan?

Los acúfenos más frecuentes son los causados por traumas acústicos, éstos se suelen generar por un aumento del sonido en altas frecuencias (generalmente).

 Los ruidos intensos pueden dañar las células del oído interno y el nervio acústico. El límite fisiológico que puede aceptar el oído son 85 dB, y el riego de pérdida será mayor cuanto más tiempo esté expuesto a valores superiores.

La aparición de los acúfenos por trauma sonoro es gradual o intermitente en sus primeras fases. Que ocurre, que cuanto más tiempo estemos expuestos a sonidos superiores a 85 dB más riesgo y más posibilidades de padecer acúfenos.

Al principio, después de una exposición al ruido fuerte, se percibe un acúfeno de poca intensidad y durante un corto periodo de tiempo, pero, si no vuelve a existir una nueva exposición al ruido, el acúfeno desaparece después, también, de un corto periodo de tiempo. Si la exposición no se abandona, se incrementará la intensidad de los acúfenos.

También están los acúfenos por traumatismo en la cabeza o en cuello, los pacientes que tienen acúfenos por esta causa suelen acudir al médico antes, ya que, al aparecer de forma repentina y severa, no han tenido tiempo para buscar estrategias, suelen tener más problemas para dormir, concentrarse, relajarse… En momentos de estrés, seguramente, notaremos que los acúfenos los tenemos disparados y suben de intensidad.

Los acúfenos por pérdida auditiva son aquellos que los notamos cuando empezamos a perder audición, suele coincidir que, donde tenemos esa pérdida auditiva.

Otra de las causas por la que pueden aparecer los acúfenos es en la enfermedad de Ménière, es un trastorno del oído interno, los síntomas son, episodios espontáneos de vértigo, hipoacusia y acúfenos. Estos síntomas son consecuencia de un exceso de endolinfa que distorsiona el laberinto menbranoso.

Esta enfermedad no tiene curación, hay un tratamiento orientado a prevenir y reducir los síntomas, esto se consigue en la mayoría de los casos con tratamientos farmacológicos y dietéticos.

Soluciones

Una vez que aparecen los acúfenos, en muy raras ocasiones desaparecen, seguramente nos toque vivir con ellos todo el tiempo.

La solución más efectiva es la colocación de audífonos (sobre todo cuando hay pérdida auditiva). Tenemos que identificar el acúfeno, es decir, saber en qué frecuencias o frecuencia se encuentran, una vez identificado pasaremos a programar los audífonos, evidentemente, antes de todo esto habremos hecho las pruebas pertinentes, otoscopia, impedanciometría, audiometrías verbal y tonal… con una completa anamnesis.

Esto no quiere decir que los acúfenos vayan a desaparecer, simplemente, lo que conseguimos es que se oigan más bajos, están ahí, pero no nos molestan e incluso para poder oírlo tenemos que buscarlo.

Hay personas que cuando notan su acúfeno más bajo, lo que hacen es buscarlo, eso es un error, porque cuanto más lo buscamos más fuerte lo oiremos y no conseguiremos nuestro objetivo, no hacerle caso. Tenemos que notar que está ahí pero que no nos molesta. Si conseguimos que durante la mayor parte del tiempo no le prestemos atención, nos relajaremos, cuanto más tranquilos estemos, el acúfeno también lo percibiremos menos. Tenemos que intentar tomar el control de nuestro acúfeno, oírlo cuando queremos, ese es el objetivo.

También hay diferentes terapias que puede ser de ayuda, como por ejemplo:

·         Terapia sonora, evitar el silencio para así oír nuestro acúfeno de una forma no molesta

·    Terapia de grupo, conocer a otras personas con el mismo problema y compartir nuestras experiencias nos ayudará a aceptar nuestro acúfeno y a reducir el impacto emocional.

Existen más opciones, pero es importante, antes de tomar una decisión, consultarlo con un especialista, él nos podrá aconsejar que tratamiento nos irá mejor, ya que todos los casos no son iguales ni tampoco los resultados.

 

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