Por  Josefa María Bernal Belda

Logopeda y Estudiante del Máster en Audiología Clínica y Terapia de la Audición de SAERA

El sistema sensorial auditivo es la vía de entrada de información esencial desde la gestación, para el desarrollo cognitivo, lingüístico y social del ser humano. Una disfunción o pérdida auditiva del sistema auditivo implica una falta de información que afectará progresivamente a la evolución del individuo, generando dificultades de aprendizaje o conducta social. La audición en el ser humano tiene un papel fundamental superior al que alcanza otras especies, dado que el medio fundamental de comunicación entre los seres humanos es el lenguaje (Gil Loyzaga, 2005).

La pérdida auditiva relacionada con la edad, conocida como presbiacusia, se caracteriza por un deterioro progresivo de la sensibilidad auditiva, pérdida de las células sensoriales auditivas y funciones centrales de procesamiento asociadas con el proceso de envejecimiento (Ha-Sheng y Pruchno, 2012).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la pérdida de la audición afecta en todo el mundo a 360 millones de personas y predice que este número excederá los 900 millones en 2025, esto quiere decir que en adultos sería una pérdida superior a los 40 dB (OMS, 2015). Son cada vez más las personas que padecen pérdida de audición a medida que la población mundial envejece. Una de cada tres personas mayores de 65 años tiene una pérdida de audición (OMS, 2015).

La prevalencia de la pérdida auditiva se incrementa a medida que avanza la edad y se ve afectada por el contacto cotidiano con entornos ruidosos, el uso de medicamentos ototóxicos y, muy probablemente también, se deba a factores genéticos.

Uno de cada tres mayores de 65 años de edad, o más, tiene deficiencias auditivas entre el 25% y el 40% (Ha-Sheng y Pruchno, 2012). La prevalencia de la deficiencia aumenta con la edad, oscilando entre 40% y 66% en personas mayores de 75 años y más del 80% en personas mayores de 85 años (Ha-Sheng y Pruchno,2012).

Esta pérdida auditiva, causada por la edad, influye negativamente en la calidad de vida de las personas mayores debido a las dificultades producidas para comunicarse, afectando al estado anímico y al nivel de participación social. Además, se ve afectado el estado cognitivo y físico del individuo que a largo plazo, y en muchos casos, puede provocar un trastorno depresivo. Detectar y tratar precozmente la presbiacusia generará un importante beneficio bio-psico-social y funcional a la persona y mejorará su calidad de vida (Millán-Calenti, y cols., 2011).

La presbiacusia se caracteriza por tener pérdidas auditivas en las frecuencias agudas según la audiometría tonal liminar, y el nivel de pérdida auditiva será de mayor o menor importancia dependiendo del tiempo de evolución que presenta (Abello, 2010). La evolución de ésta es lenta y progresiva, observando durante su evolución tres estadios:

– Estadio sin sintomatología aparente: pasan desapercibidas con modificaciones ligeras en las frecuencias agudas.

– Estadio de incidencia social: cuando a partir de los 2 kilohertz (KHz) se observa una pérdida igual o superior a 40 decibeles (dB).

– Estadio de aislamiento: la interacción comunicativa y social de la persona se ve afectada de manera notable.

El deterioro de la presbiacusia es continuo y gradual en la mayoría de las personas, con un deterioro medio de 5 a 6 dB por década. La progresión del cuadro es muy variable entre personas, aunque hay una tendencia a progresar más rápidamente en hombres (Patterson, 1994).Generalmente, se comprometen primero las frecuencias altas, sobre 1000 Hz (Patterson, 1994).

El Ministerio de Salud de Chile (2007) propuso como edad de corte para realizar un diagnóstico de presbiacusia los 65 años en base a la Encuesta Nacional de Salud (ENS) cuya prevalencia es del 52%, siendo más frecuente en hombres (59%) que en mujeres (48%). Sería conveniente clasificar a los pacientes según el grado de pérdida auditiva que presenten, para ello, utilizamos el promedio tonal puro en dB de las frecuencias 0,5 KHz, 1 KHz, 2KHz y 4KHz.

La presbiacusia presenta un claro deterioro en la discriminación de la palabra hablada, mayoritariamente, este deterioro es superior a la intensidad de la hipoacusia que cabría esperar , es decir, los pacientes muestran una clara dificultad para la comprensión del lenguaje en locales con deficientes condiciones acústicas o en ambientes muy ruidosos. La persona afectada se queja de que oye, pero no entiende lo que está oyendo (síndrome del cocktail party). También esta dificultad para la discriminación del lenguaje hablado aparece cuando el interlocutor habla rápidamente (Proupínet y cols., 2007). La audición dentro de la sociedad es una función importante que permite relacionarse con los demás, permitiendo intercambiar ideas, necesidades, que se ven limitadas a oír ciertos sonidos, y no comprender la conversación completa (Proupín y cols., 2007).

Las características de esta pérdida de audición en la edad adulta (Proupínet y cols.,
2012) son:

1. Cambios degenerativos en la cóclea, pérdida progresiva de la audición sensorial entre leve y moderada, empezando por las frecuencias altas, y extendiéndose gradualmente a las medias, hasta llegar a la pérdida de la audición socialmente útil.

2. Perdida bilateral y simétrica.

3. Escasa comprensión del lenguaje en ambientes ruidosos: pueden oír hablar a la gente pero tienen dificultades para entender las palabras.

4. Presencia de acúfenos en ambos oídos.

La audición normal va de 0 a 25 dB a través de todas las frecuencias, mientras que la conversación normal se encuentra entre 20 y 60 dB, o sea, entre 1 y 6 KHz. En relación al tipo de curva audiométrica (Collazo y cols., 2007), las hipoacusias se clasifican en:

Hipoacusia Conductiva o de Transmisión: es aquella alteración que afecta a la progresión del sonido hacia el oído interno. Dicha alteración se encuentra a nivel de oído externo o medio. Este tipo de pérdida afecta al grado de audición y no a la calidad de la misma, siendo reversible frecuentemente y pudiendo ser tratada con tratamiento médico o quirúrgico. La acumetría se caracteriza por un Rinne negativo en el lado afectado y un Weber lateralizado hacia el lado enfermo. En la audiometría se observa una diferencia entre la vía aérea y la ósea (GAP), conservándose la vía ósea en valores. La curva de audiometría vocal está desplazada a la derecha, paralela a la curva normal. Es importante recordar que las pérdidas auditivas en conducciones aéreas no deben superar los 60 dB, ya que, en esos casos, hay que sospechar siempre enfermedad coclear (Collazo y cols., 2007).

Hipoacusia Sensorial o Hipoacusia de Percepción: está asociada a alteraciones en general irreversibles en las estructuras del oído interno. En este tipo de pérdida tiene alterado, no solo la cantidad, sino también la calidad de audición, llegando a tener afectada la comunicación oral. En la actualidad, no existe ningún tratamiento quirúrgico que pueda restablecer la audición. Según el grado de lesión, existirán diversas dificultades para adaptarse a un tratamiento protésico correcto. En la acumetría, el Rinne es positivo y el Weber se lateraliza al oído sano (cuando la hipoacusia es asimétrica). La audiometría tonal muestra una caída en ambas vías tanto e aérea como en ósea (Collazo y cols., 2007).

Hipoacusia Mixta: en este tipo de hipoacusia, la pérdida de audición puede ser debida a una pérdida de audición provocada por una hipoacusia de conducción y una hipoacusia neurosensorial (Collazo y cols., 2007).

El proceso diagnóstico en una hipoacusia mixta requiere una estrategia rigurosa, basada inicialmente en la anamnesis, el examen clínico, la evaluación con pruebas audiológicas (otoscopia, timpanometría, audiometría ósea, logoaudiometría, umbral de disconfort) y la evolución de la hipoacusia. Al final del proceso de aproximación diagnóstica es posible definir el diagnóstico topográfico y etiológico (Collazo y cols., 2007).

En la presbiacusia, uno de los estudios más utilizados para confirmar el diagnóstico es la audiometría tonal. Esta prueba permite establecer el nivel de hipoacusia y el grado de discriminación que presenta, ambos imprescindibles para decidir las posibilidades de tratamiento. En caso de adaptación protésica, se realiza la logoaudiometría para conocer la discriminación del oído ante palabras, es decir, la recepción del mensaje oral, estableciendo un porcentaje de palabras repetidas correctamente. Los exámenes complementarios como técnicas de imagen, estudios electrofisiológicos y de laboratorio no se realizan de forma rutinaria, porque con pruebas audiológicas podemos detectar la presbiacusia, pero se deben solicitar ante la sospecha clínica de otro trastorno (Gil-Carcedo, 2003). La rehabilitación logopédica, en la presbiacusia, es fundamental después de la implantación de las prótesis auditivas para realizar un entrenamiento auditivo. En este entrenamiento se le enseña a la persona a discriminar los sonidos y el lenguaje oral para conseguir una adecuada comunicación con sus iguales.

El presente estudio pretende demostrar que el uso diario de prótesis auditivas en personas mayores de 65 años mejora la capacidad auditiva, mejorando las cualidades perceptivas, cognitivas y sociales del paciente.

 

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