Por Beatriz López Conde

Óptico-Optometrista y Estudiante del Máster en Optometría Clínica y Terapia Visual de SAERA

Actualmente, uno de los asuntos que más conciernen en la educación es el rendimiento escolar. En algunas ocasiones, se llega a pensar que hay niños con un nivel intelectual bajo o que son inconstantes por fracasar en el ámbito educativo. Pero no es descabellado pensar que la visión sea un factor de vital importancia en este aspecto, puesto que un 80% de la información que se recibe es visual. Además, los niños desde muy pequeños realizan numerosas actividades que reclaman una elevada demanda visual, sobre todo en cerca, por lo que si el sistema visual es deficiente condicionaría su aprendizaje. Una de las causas más comunes de fracaso escolar son los problemas de aprendizaje. Sus etiologías son multifactoriales con influencias genéticas y disfunciones del sistema cerebral (Handler y Fierson, 2011).  El término dificultades de aprendizaje fue utilizado por Kirk y Baterman (1962) para referirse a un trastorno en el desarrollo de uno o más de los procesos de habla, lenguaje, lectura, escritura, aritmética u otras materias escolares resultantes de una discapacidad psicológica causada por una posible disfunción cerebral y/o trastornos emocionales o de comportamiento.

Este estudio se centrará en dos de las principales dificultades de aprendizaje como son la dislexia y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), valorando si presentan alguna deficiencia visual o de percepción visual que pueda agravar los síntomas o que les impida concentrarse adecuadamente.

Según Hulme y Snowling (2016) los niños con dislexia encuentran difícil reconocer las palabras impresas, tienen grandes dificultades para “sondear” palabras desconocidas y, a menudo, también leen lentamente. Las personas que presentan esta dificultad de aprendizaje confunden letras parecidas, permutan sílabas, les cuesta entender lo que leen y presentan una lectura silábica, a pesar de tener un nivel intelectual normal, desarrollo sociocultural correcto y buenas oportunidades académicas. Además, se puede decir que este trastorno afecta alrededor del 5-7% de la población (Carboni-Román, del Río, Capilla, Maestú y Ortiz, 2006), al 80 % de las personas con problemas de aprendizaje (Handler y Fierson, 2011) y es más común en varones. En cuanto al TDAH se dice que tiene una prevalencia del 5,3 % y al igual que la dislexia es más común en varones (Polanczyk y Jensen, 2008). Según Kaplan, Dewey, Crawford y Wilson (2001) el TDAH se puede solapar con otras dificultades o trastornos del desarrollo y al presentar un déficit en el control de impulsos o dificultad atencional, es probable que se refleje en la composición escrita (Alamargot y Chanquoy, 2001).

En un estudio realizado por DeCarlo, Swanson, McGwin, Visscher y Owsley (2016) se concluyó que la prevalencia de TDAH es mayor en niños con problemas de visión no corregibles con gafas o lentes de contacto.

Por otra parte, según Hoffman (1980) hay una relación directa entre los problemas de aprendizaje y las disfunciones oculomotoras, sin embargo, los niños que tenían un buen rendimiento académico tenían menos problemas al realizar los movimientos sacádicos. Además, Helveston et. al (1985) encontraron una relación positiva entre los niveles de lectura y el rendimiento al realizar un test visuopercepcivo/visuomotor.  Según un estudio realizado por Létourneau, Lapierre y Lamont (1979) a 735 niños, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre los niños que tenían insuficiencia de convergencia y los que no, con respecto a los resultados académicos (GPA t = 0,15). No obstante, según Granet, Gomi, Ventura y Miller-Scholte (2005) mostraron que había un 15,9% de incidencia de insuficiencia de convergencia en niños con TDAH. Asimismo Latvala, Korhonen, Penttinen y Laippala (1994) comentaron que el 12,7% de disléxicos tenía insuficiencia de convergencia y el 25% una exoforia en cerca mayor de 6.

Por otro lado, se puede pensar que los trastornos en el aprendizaje pueden estar influenciados por la lateralidad. Según Pumfrey y Reason (2013) hay numerosos estudios de grandes muestras de personas con dislexia que ponen en duda el pensamiento de que la lateralidad cruzada o ser zurdo sea más común en personas con dificultades de aprendizaje.

Si pensamos en el error refractivo, se puede decir que según Metzger y Werner (1984) la hipermetropía estaba asociada con dificultades de aprendizaje. Asimismo, Rosner (1997) concluyó que había resultados estadísticamente significativos en cuanto a rendimiento académico y niños cuyos errores de refracción superaban +1,25D (p = 0,014).

 

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