Por Marta González Jiménez

Óptico-optometrista, Técnico Superior en Audiología Protésica y alumna-colaboradora de SAERA

La presbiacusia se considera un trastorno de la audición progresivo debido al proceso normal de envejecimiento.

Muchos factores, entre ellos los genéticos y los ambientales, contribuyen a la pérdida auditiva en edades avanzadas. El mayor inconveniente es que repercute notablemente en la calidad de la vida de las personas que la padecen, puesto que disminuye su capacidad de comunicación y su autonomía.

Algunos casos conjugan la presbiacusia con un deterioro cognitivo leve que produce una serie de cambios neuropsicológicos, que suelen ser progresivos y lentos (Gonzalo, 2002), y que influyen en el proceso comunicativo.

Los pacientes presentan dificultades en la comprensión del lenguaje (regresión fonémica) (Marrero, 2001), sobre todo si la velocidad de elocución se incrementa y las condiciones acústicas del entorno son adversas (ruido de fondo o reverberación) (Gaviria, 2009).

Esto sucede porque una vez que un estímulo sonoro llega al cerebro, éste es procesado y, en el caso de que sea un estímulo verbal, se recurre al lexicón. De forma secuencial se construye una representación mental del significado y se procesa la información para lograr comprender el mensaje, descifrarlo y dar una respuesta.  Para que esto suceda hay una serie de pasos intermedios que modifican la onda sonora inicial hasta convertirla en potenciales nerviosos auditivos, por tanto, son fundamentales los recursos operacionales de la memoria.

Como consecuencia del enlentecimiento de la velocidad de transmisión neural y la disminución de la velocidad motora-perceptiva (Véliz, 2010), la audición se puede ver afectada, desde la pérdida de agudeza auditiva hasta la imposibilidad de reconocer los patrones del habla; como consecuencia se experimenta un procesamiento del lenguaje más lento.

La mayoría de los ancianos muestran mayor déficit en la audiometría verbal. Esta reducida inteligibilidad se debe a cambios histopatológicos en todas las estructuras del sistema auditivo durante el envejecimiento. Sin embargo, en muchas ocasiones estos pacientes manifiestan peores resultados por el deterioro cognitivo (Véliz, 2010).

Referente al estado cognitivo, podemos tener en cuenta que a lo largo de la vida las funciones cognitivas varían, es a partir de los 65 años cuando se produce una pérdida notable de los procesos cognitivos del individuo. Es poco preciso generalizar este aspecto a la hora de analizar la calidad de vida y el nivel de dependencia del anciano, puesto que no afectan a todas las personas de la misma manera, incluso algunas de ellas no se alteran. Así se vuelve fundamental valorar los fenómenos asociados individualmente.

Por este motivo, el estudio audiológico debe complementarse con cuestionarios para facilitar la tarea de descartar un posible déficit cognitivo en pacientes que tengamos cierta sospecha (Calero, 2011). Un cuestionario apropiado es Mini-Mental State Examination (MMSE, 1999). Se trata de una prueba neuropsicológica muy utilizada que proporciona un análisis breve y estandarizado a nivel general sobre cómo se encuentran las principales funciones cognitivas de una persona en edad avanzada. Sirve para detectar si hay o no déficit cognitivo. Esta prueba no se recomienda para discriminaciones más precisas ni para determinar cuál es la causa del deterioro cognitivo.

En consonancia con estas afirmaciones, mi Trabajo Final en el Máster de Audiología Clínica y Terapia de la Audición  tuvo como objetivo valorar el deterioro cognitivo que presentaban los sujetos con presbiacusia, mediante la aplicación del MMSE, a 10 pacientes conscientes de padecer una pérdida auditiva asociada a la edad con indicios de posible deterioro cognitivo, bien por su comportamiento o porque sus familiares manifestaban tal preocupación. El propósito era establecer la correlación entre las pruebas audiológicas (audiometría tonal liminar y audiometría verbal, aplicadas de forma individual), con el MMSE, para valorar si existía entre ambas una asociación.

Para cumplir con el objetivo, en la anamnesis, se administró el MMSE, en el estudio audiológico se realizó otoscopia, audiometría tonal liminar, evaluando la vía aérea, vía ósea, umbral de disconfort y por último, se realizó una audiometría verbal.

Una vez recopilados los resultados de las pruebas, se analizaron estadísticamente mediante la correlación de Pearson. Por un lado se relacionó la media HAIC de la ATL vía aérea con los resultados del MMSE, y por otro lado, el URV con el MMSE.

La correlación entre la audiometría tonal en el oído con menos pérdida auditiva y el MMSE fue negativa (r = -0.56, p=0,046), es decir, a mayor pérdida de audición, menor era el rendimiento cognitivo de los pacientes.

También, la correlación entre la audiometría verbal y el MMSE fue negativa (r = -0.55, p=0,046), por lo que a peor inteligibilidad, mayor era el deterioro cognitivo.

En ambos casos los resultados resultaron estadísticamente significativos.

En este caso las dos correlaciones estudiadas fueron negativas, estos valores se obtienen  cuando un aumento en una variable (en nuestro caso audiometría tonal o audiometría verbal) conduce a una disminución en la otra (MMSE).

Estos resultados demuestran que existe una relación significativa entre deterioro cognitivo y auditivo.

Recientemente, se publicó un artículo en Journal of the American Geriatrics Society del equipo de investigadores unidad 897 Inserm de Burdeos donde sometieron a estudio aproximadamente a 4000 sujetos a lo largo de 25 años. Hélène Amineva explicó los dos resultados principales del estudio: primero, se confirmó y se reforzó la idea de la asociación existente entre la pérdida de audición de la persona en edad avanzada y el deterioro cognitivo acelerado. Mencionó, que un estudio anterior publicado, se hacía referencia a esta idea.  El segundo resultado principal y más novedoso hizo referencia a que personas con problemas auditivos que utilizaban audífonos no presentaban un declive cognitivo aumentado, sino que era similar al presentado por los normoyentes. Así pues, concluyó que usar audífonos atenuaba el déficit cognitivo en personas mayores con problemas auditivos.

El estudio al que se refiere Amineva se publicó en abril de 2015 en la revista American Journal of Epidemiology. Este estudio contó con 253 sujetos, y comparó a sujetos con hipoacusias moderadas-leves y normo-oyentes. Los autores concluyeron que después de 20 años (tiempo que duró el estudio), los participantes que no utilizaban audífonos registraron más deterioro cognitivo que los usuarios de audífonos y los normoyentes. Los investigadores apoyan la investigación futura sobre la reducción del riesgo de de deterioro cognitivo gracias a un tratamiento precoz de las hipoacusias.

Con todo esto, podemos presuponer que la pronta adaptación de audífonos en personas que padecen hipoacusia, supondrá un menor deterioro cognitivo en comparación con las personas que no han puesto solución a su deterioro auditivo. Aquellas personas que pongan soluciones en los fases iniciales de la pérdida auditiva mantendrán activa la información en su memoria operativa y el enlentecimiento de procesamiento de la información será menor, puesto que todo el procesamiento de la información auditiva se encuentra en activo y además, facilita la participación en actividades que estimulan las habilidades cognitivas. Así, como afirma Amineva, parece que el uso de audífonos tiene un efecto positivo sobre la cognición  porque restaura las capacidades de comunicación, promueve la cohesión y la calidad de la vida social.

Lo más interesante es seguir trabajando en esta línea de investigación para poder, en un futuro, contar con más datos significativos que afirmen la relación entre audición y deterioro cognitivo, con el objetivo de ayudarnos a todos a disfrutar de una óptima vejez.

 

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