Por María del Rocío Martínez Rísquez

Óptico-Optometrista y alumna del Curso de Experto en Optometría Clínica de SAERA

La Diabetes Mellitus es una enfermedad endocrina caracterizada por un estado de hiperglucemia crónica, que aparece cuando el páncreas no produce hormona insulina suficiente o cuando el organismo no utiliza eficientemente la insulina que produce. La diabetes puede ser de tipo I (insulinodependiente) o tipo II (no insulinodependiente).

La Retinopatía Diabética (RD) es una enfermedad ocular a nivel de la retina que surge como consecuencia de la presencia de niveles elevados de glucosa en sangre durante un largo periodo de tiempo en pacientes diabéticos. El exceso de azúcar en la sangre puede llevar a que los capilares sanguíneos de la retina viertan parte de su sangre fuera de los mismos. Además, también suelen formarse nuevos capilares aún más débiles que los primeros, que pueden dar lugar a pequeñas hemorragias en la retina, generando así una inflamación, un edema. Si ese edema se da en la parte central de la retina, se le denomina Edema Macular (EM).

La RD es la principal causa de pérdida visual no recuperable en los países industrializados, prevaleciendo en pacientes entre los 20 y 64 años de edad, siendo responsable de 10% de nuevos casos de ceguera cada año.

El EM por diabetes es la causa más frecuente de pérdida de visión grave en pacientes con dicha patología. Dicho edema, es secundario a la acumulación de fluido en el polo posterior de la retina. A día de hoy, su etiopatogenia no está totalmente comprendida y no hay un tratamiento satisfactorio para remediarlo; por ello se le da tanta importancia al conocimiento de los factores de riesgo.

Para el caso de la RD, suelen influir en gran medida diversos factores, tanto genéticos como adquiridos. Dos de los más importantes son la duración y evolución de la diabetes y el control metabólico de la misma. También puede verse afectada por embarazos, enfermedades renales, tratamientos a los que se esté sometido y la presencia de otras patologías oculares o sistémicas (hipertensión, problemas de tiroides, etc.).

 

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